Asertividad. Defendiendo mi opinión

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El término ASERTIVIDAD, tan utilizado hoy en día en gran parte de los procesos terapéuticos, no aparece en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), donde sí se tiene en cuenta el adjetivo ASERTIVO como sinónimo de Afirmativo.

Empleamos el concepto de ASERTIVIDAD para hacer referencia a un tipo de comunicación, una estrategia ubicada en el punto medio del continuo entre la dicotomía de la actitud agresiva y la pasiva en las interacciones sociales.

La persona asertiva logra establecer una comunicación guiada por un vínculo de no agresión hacia su interlocutor, pero tampoco queda sometido a su voluntad, expresando por tanto libremente sus pensamientos y defendiendo de una forma positiva sus intereses.

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Entre los factores más comúnmente relacionados con un déficit de asertividad se encuentran una baja autoestima, la pasividad, el miedo, la indecisión, la falta de respeto por uno mismo, la incapacidad de resolución de problemas y la imposibilidad para defender los propios derechos, todas ellas variables que se retroalimentan de esa dificultad para comunicarse de una manera coherente con sus opiniones.

Dentro de las personas que no desarrollan una comunicación de tipo asertivo encontramos, de un lado, aquellas que son pasivas, es decir, las que ceden ante los intereses de los demás, no expresan sus ideas ni defienden sus derechos y continuamente ven en los otros una superioridad, relegándose ellos mismo a un permanente posicionamiento como inferior y al consiguiente sentimiento de frustración e impotencia. Por otro lado, tendríamos el perfil de aquellos que se muestran agresivos en sus relaciones interpersonales, manifestando por imposición sus opiniones y tratando de relegar a su entorno bajo sus ideas, no teniendo habilidades para tratarlas como iguales manifestando de una manera totalmente inadaptada su inseguridad.

Entre medias encontraríamos el patrón del pasivo-agresivo, aquel que hacia fuera orienta su visión más pasiva pero internamente se culpa y castiga, sintiéndose inferior y potenciando continuamente el sentimiento de frustración y de no manejo de las relaciones con respeto y equitativas en poder.

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Por el contrario, la persona que se comporta de una forma asertiva es capaz de tomar decisiones razonadas, no basándose en el miedo a qué pensarán los demás, busca soluciones, asume la responsabilidad de sus acciones, se siente capaz de enfrentarse a los problemas, se comunica abiertamente y defiende sus derechos, opiniones y sentimientos con empatía, sin negar los derechos de los otros.

El aprendizaje de este tipo de estrategia de afrontamiento hace que la persona refuerce su imagen positiva, ayudándole a desarrollar de una manera óptima su autoestima, mejorar sus habilidades  expresivas, obtener una satisfacción emocional y lograr por tanto alcanzar autónomamente las metas propuestas consiguiendo a nivel comunicativo y, desde la infancia a la etapa adulta, ser respetado y una valoración correcta de sí mismo.

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Cuentos para ayudar a tus hijos. Roberta Veritá

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La autora, Roberta Veritá, psicóloga y psicoterapéuta de la Sociedad Italiana de Terapia Cognitivo Conductual, ofrece en esta obra una serie de cuentos con los que abordar con los pequeños temáticas de difícil comprensión y asimilación como los miedos, la ansiedad, fobias, el duelo y el control de la ira entre otros, aportando historias de fácil comprensión para los niños y con moralejas de gran contenido educativo, resultando una herramienta de gran utilidad y de carácter lúdico.

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¿Miedo o Fobia? Las diferencias

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El MIEDO es una emoción primaria, una estrategia de autoprotección que viene de serie y se define como la percepción de un peligro o la anticipación de un mal posible provocando un sentimiento desagradable, acompañado de deseos de huida.

Para hablar de una FOBIA se han de tener en cuenta las siguientes características:

  • Es desproporcionada con respecto a las exigencias de la situación. La reacción no se corresponde con la existencia de una situación particular, peligrosa o amenazante para el individuo.
  • No puede ser explicada o razonada por parte del individuo.
  • Está más allá del control voluntario.
  • Lleva a la evitación de la situación temida.
  • Persiste a lo largo del tiempo.
  • Es desadaptativa.
  • No es específica de una fase o edad determinada. Entre los anteriores indicativos son de especial relevancia la persistencia, la magnitud y el carácter desadaptativo para diferenciar una fobia de un miedo de carácter adaptativo.

También se han de tener en cuenta factores como la anticipación de un estímulo o situación concreta y el consiguiente desencadenamiento de un patrón típico de reacciones fisiológicas, cognitivas y motóricas.

A nivel fisiológico encontramos síntomas relacionados con el SNA (Sistema Nervioso Autónomo), tales como el aumento de la tasa cardiaca y respiratoria, sudoración, inhibición de la salivación, contracciones estomacales, nauseas, diarrea, mareos, sensación de desmayo, palidez, manos frías y húmedas, escalofríos, boca seca, etc.

En cuanto al ámbito cognitivo se despliegan toda una seria de creencias sobre la situación temida y sobre la capacidad de afrontarla, así como un conjunto de interpretaciones subjetivas acerca de sus reacciones fisiológicas, produciéndose alteraciones perceptivas o sensoriales, dificultades para pensar y errores o distorsiones cognitivas.

En el nivel motor se pueden experimentar conductas de evitación, escape, temblor de voz, temblores, nudo en la garganta, tartamudeo, evitación del contacto visual o respiración alterada.

miedo o fobiaAlguna de las fobias más comúnmente conocidas son la fobia social, la agorafobia, fobia a algunos animales, acrofobia o miedo a las alturas, la amaxofobia o miedo a conducir y la claustrofobia. En la etapa infantil se dan algunas muy características como son las fobias sociales o específicas según la edad.

Sin embargo hay muchas otras menos conocidas como la hematofobia (sangre y heridas), la necrofobia (muerte y muertos), la nictofobia (noche y oscuridad) o la verminofobia (gérmenes) muy asociada a un tipo de T.O.C. de limpieza.

Para todas ellas, además de seguir un proceso terapéutico de explicación y comprensión de su origen y funcionamiento, y trabajar todos los elementos asociados, existen una serie de técnicas de tratamiento como la terapia de exposición, entrenamiento en habilidades de relajación o la reestructuración cognitiva, con el objetivo último de superar el foco fóbico y controlar las situaciones relacionadas pudiendo mejorar así la calidad de vida de la persona afectada.

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Pensamientos Distorsionados Todo en Negativo

Cuantas veces un pensamiento se ha visto afectado por inferencias erróneas o pensamientos de atribución incorrecta cuando nos hacemos culpables de un acontecimiento, sentimos que  no estamos controlando la situación o nos responsabilizamos de que algo no haya salido cómo se esperaba.

Esta es la base de lo que conocemos como los Errores o Distorsiones Cognitivas, esos procesos mentales que interfieren en la percepción, análisis e interpretación de un suceso, conversación o interacción y que dan lugar a sentimientos negativos creando inseguridad, culpabilidad y un posicionamiento incorrecto ante algunos de los puntos más cotidianos en nuestras vidas.

A continuación se exponen algunos de esos errores para facilitar así su identificación, análisis y la posterior evaluación del acontecimiento intentando valorar otras opciones o interpretaciones que quizás nos ayuden a no caer en un permanente pensamiento negativo.

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  • INFERENCIA ARBITRARIA: llegar a una conclusión sin evidencia que la apoye o con evidencia contraria.
  • ABSTRACCIÓN SELECTIVA: centrarse en un detalle extraído fuera de su contexto, ignorando otras características más relevantes de la situación y conceptualizar toda la experiencia basándose en ese detalle.
  • GENERALIZACIÓN EXCESIVA: elaborar una regla o unja conclusión a partir de uno o varios hechos aislados y aplicar el concepto a situaciones relacionadas o no.
  • MAXIMIZACIÓN Y MINIMIZACIÓN: errores cometidos al evaluar la significación o magnitud de un evento.
  • PERSONALIZACIÓN: tendencia y facilidad para atribuirse a sí mismo fenómenos externos sin una base firme para ello.
  • PENSAMIENTO ABSOLUTISTA, DICOTÓMICO: tendencia a clasificar todas las experiencias según una o varias categorías opuestas,    usar las negativas siempre para uno mismo.
  • LECTURA DE LA MENTE DE LOS DEMÁS: sacar conclusiones negativas sobre lo que piensan otros sobre nosotros y sobre sus intenciones, sin pruebas que las fundamenten.
  • PROFECÍA AUTOCUMPLIDA: se aplica una predicción negativa del futuro, prediciendo sucesos negativos sin pruebas para ello, se le da un nivel de creencia alta y eso condiciona nuestro comportamiento.
  • CATASTROFISMO: ver en cualquier suceso aversivo o indeseado una consecuencia trágica e irreversible.
  • TREMENDISMO: exageración del impacto de los sucesos de la vida.
  • NON SOPORTANTIS: creencia de no soportar las adversidades.
  • DEBO-DEBERÍA / TENGO QUE / LOS DEMÁS DEBEN O TIENEN QUE: sentimiento de frustración o rabia ante un desajuste entre lo   que se desea y lo que ocurre.
  • FALACIA DE LA JUSTICIA: tendencia a mantener una idea de justicia moral y divina por la que se cree en que los “buenos” merecen siempre la “felicidad absoluta” y viceversa.
  • FALACIA DE LA RAZÓN: idea de que uno siempre tiene la razón en la forma de ver las cosas y que demás llevan la contraria de forma intencionada.
  • FALACIA DE LA RECOMPENSA DIVINA: aceptar situaciones de sufrimiento e infelicidad como algo transitorio que tendrá recompensa    al final de sus vidas.
  • FALACIA DEL CAMBIO: creencia de que nuestro estado de ánimo depende exclusivamente de las situaciones o de otras personas, produciendo pasividad.

 

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Autoinstrucciones Grandes aliados

imagesQDUKW74YPara poner en marcha una estrategia eficaz en la lucha contra los pensamientos negativos o errores cognitivos se puede usar lo que se conoce como AUTOINSTRUCCIONES.

Se usan a modo de AUTOVERBALIZACIONES, para minimizar o eliminar los PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS como mediadores mentales de forma que se va consiguiendo una DESAUTOMATIZACIÓN de dichos pensamientos negativos.

Este proceso es igualmente valido para seguir unas pautas en la mejora de estrategias para la solución de problemas.

A continuación se explican los pasos a seguir:

  1. Definición del problema o situación.
  2. Aproximación al problema (pasos que tenemos que dar).
  3. Focalización de la atención (centrarme en la tarea a realizar, en mi objetivo).
  4. Autorrefuerzo (lo estoy haciendo bien).
  5. Verbalizaciones para hacer frente a los errores (no pasa nada si cometo un error aprendo de ello y tendré cuidado la próxima vez).
  6. Autoevaluación (fijarme en lo que estoy haciendo).
  7. Autorrefuerzo (reconocer lo bien que lo he hecho).   

Otra opción posible es hacer listados de las cosas que hacer y que no hacer según lo que yo quiero realmente, no siguiendo las pautas de los demás y estableciendo límites, potenciando el desarrollo de nuestra ASERTIVIDAD.

Este procedimiento se puede llevar a cabo con cualquiera de los sucesos que nos acontezcan cada día, consiguiendo una mayor facilidad para su aplicación cuanto más se practique.

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Amaxofobia o Miedo a Conducir

La Amaxofobia o miedo a conducir se define como un miedo persistente e irracional a conducir, afectando hoy en día a un 33% de la población española.

Algunas de sus manifestaciones son síntomas como la ansiedad, angustia, sensación de perder el control a la hora de ponerse al volante o pensar en hacerlo, la sudoración de manos, temblores, taquicardia o palpitaciones, pesadillas relacionadas con la conducción, ideas negativas e irracionales asociadas al acto de conducir, y la visualización de consecuencias negativas como accidentes.

¿En qué consiste la Amaxofobia?

Se experimenta incapacidad para relajarse a la hora de conducir, sentimiento de incomprensión por parte de los demás no sabiendo como explicar la angustia padecida y una elevada dependencia de otras personas para poder transportarse. Todo ello da lugar a un aumento de la sensación de frustración e incontrolabilidad frente al problema, haciendo que se mantenga y evitando enfrentarlo.

Se dan diferentes grados de afectación, desde una intensidad más moderada que no impide conducir pero restringe las capacidades de control del conductor, hasta el nivel más extremo o paralizante en el que la persona ni siquiera se puede imaginar conduciendo.

        Causas de la Amaxofobia

Hay múltiples causas asociadas al desarrollo de la Amaxofobia, entre las que se pueden establecer como más comunes las siguientes:

  • Falta de experiencia como la padecida por conductores noveles o personas que lleven tiempo sin conducir, haciéndolo con inseguridad y de una forma estresante.
  • Conductores que hayan sufrido una experiencia traumática por haber sido victimas o meros espectadores de un accidente de tráfico.
  • Sufrir un ataque de pánico mientras se conduce debido a una situación personal o profesional de elevado estrés, lo que desencadena en sentimiento de vulnerabilidad y miedo a que se repita bajo las mismas circunstancias.
  • Problemas psicológicos como el estrés, la ansiedad o la baja autoestima que pueden asociarse al momento y forma de conducir.

          Algunos datos estadísticos sobre la Amaxofobia

Según el estudio realizado por el Instituto Mapfre de Seguridad Vial en el año 2005, el porcentaje de la población que presenta miedo a conducir tanto en circunstancias concretas como de manera paralizante es de un 33%, correspondiendo de este total un 64% a la población femenina y un 36% a los hombres, no siendo paralizante en el 82% de los casos. En lo referente a la edad, se destaca una mayor consciencia de su miedo a una edad más temprana en las mujeres, situando la media en los 48 años frente a los 64 en los hombres.

Otro estudio realizado por ATTITUDES en el año 2010 revela que en España el 54% de los conductores sufren ciertos niveles de ansiedad, el 22% padecen un grado considerable de ansiedad siendo lo que potencialmente pueden ver afectada su forma de conducir y un 4% muestra síntomas de amaxofobia.

          Tratamiento de la Amaxofobia

Es posible superar el miedo a conducir trabajándolo desde el enfoque cognitivo-conductual, controlando factores como el pánico y la ansiedad, a través de estrategias concretas de respiración y relajación junto con el manejo de pensamientos positivos que ayuden a la persona a recuperar su sensación de control. En cada caso será necesaria una evaluación concreta del grado de afectación y los elementos específicos en juego para personalizar el tratamiento a desarrollar.

         Terapia recomendada

Se pueden establecer tres fases fundamentales:

  1. Toma de conciencia y comprensión del problema, donde se aborda en qué consiste la fobia, cómo se produce y se mantiene, identificando las variables a trabajar.
  2. Estrategias de afrontamiento, explicando las diferentes técnicas específicas para el manejo de los síntomas fisiológicos utilizando la relajación progresiva y respiración, junto con el desarrollo de autoinstrucciones positivas que sustituyan los pensamientos negativos y catastrofistas, el manejo de las ideas irracionales y su reestructuración, con la finalidad de obtener una percepción más realista del problema y el consiguiente control del miedo.
  3. Exposición a la fobia, que se realizará en imaginación o en vivo sí fuera necesario (acompañado por un instructor en seguridad vial y psicólogo), poniendo en práctica todas las estrategias aprendidas y eliminando la evitación del problema, elaborando así un enfoque positivo de afrontamiento.

La duración del tratamiento, según el caso, está estimada entre 8 y 10 sesiones, pudiéndose ampliar en función de las necesidades y ofreciendo a lo largo del mismo material de apoyo y biblioterapia.                                           

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