Angustia por el futuro. Pasando de puntillas por el ahora.

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En innumerables ocasiones escuchamos frases como : “No sé qué tal va a ir el proyecto”, “No sé cómo saldrá”, “Ojala fuera todo bien”, “Cuando esté todo resuelto”…, anticipamos el futuro y lo hacemos basándonos en la frustración, en el negativismo, en que sí algo puede salir mal lo hará y de una forma en la que parece que nosotros no tenemos nada que decir ante el resultado de cualquiera de nuestros retos.

Por un lado estamos ante un mecanismo de defensa, claro que así nos preparamos para que las cosas puedan ir mal, pero, ¿dónde dejamos la actitud positiva y el optimismo que también pueden influir en que las cosas salgan bien?. Desde muy pequeños, por resultados que nos van enseñando que las cosas no siempre tienen que ir bien, tendemos a prepararnos para lo malo, así parece que un resultado negativo tiene menos impacto. No es cierto, hay que tener en cuenta que no siempre tenemos el control de las cosas, por supuesto, pero igualmente hay que cuidar la capacidad de influencia que tenemos sobre cualquier proceso y alimentar el esfuerzo y el trabajo para intentar, al menos, que el resultado sea lo más optimo posible.

Este mecanismo hace que, con el tiempo y el avance de recorrido por diferentes experiencias, muchas personas pasen más tiempo pensando en lo malo del futuro que lo bueno que está por venir, y peor aún, lo que tenemos en el momento actual, dejando que todo simplemente ocurra en lugar de disfrutarlo, vivirlo y registrarlo como situaciones que hacen que tengamos más compensada la balanza entre vivencias positivas y negativas.

Cualquier suceso cotidiano, un automatismo, una rutina, todo vale para sumar como elemento que enriquece nuestro día a día, nuestra energía y capacidad de confianza frente al medio y a nuestro entorno y sobre todo, en la cuenta de resultados de una actitud resolutiva y de participación activa en nuestras vidas, alejándonos del modo espectador en el que parece que todo ocurre porque tenía que ser así y que nosotros mismos no tenemos ni voz ni voto en nada.

Intentar pararnos más a disfrutar del momento presente, buscar la observación del ahora, pensar en todo lo que sí está saliendo bien, en todo lo que sí controlamos, en la energía y capacidad de afrontamiento que vamos acumulando con la experiencia o con nuevos aprendizajes, cada pequeño punto de valoración y de sensación de control de nuestro momento presente cuenta para optimizar la visión que tenemos de todo lo que vendrá, sean vivencias positivas o negativas, pero sí dejamos que el futuro nos controle y nos convierta en un estado permanente de frustración antes o después nos veremos paralizados dejando que pasen los días y las situaciones buenas de nuestra vida por delante de nuestros ojos como sí se tratara de una película.

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¿Miedo o Fobia? Las diferencias

fobia miedo

El MIEDO es una emoción primaria, una estrategia de autoprotección que viene de serie y se define como la percepción de un peligro o la anticipación de un mal posible provocando un sentimiento desagradable, acompañado de deseos de huida.

Para hablar de una FOBIA se han de tener en cuenta las siguientes características:

  • Es desproporcionada con respecto a las exigencias de la situación. La reacción no se corresponde con la existencia de una situación particular, peligrosa o amenazante para el individuo.
  • No puede ser explicada o razonada por parte del individuo.
  • Está más allá del control voluntario.
  • Lleva a la evitación de la situación temida.
  • Persiste a lo largo del tiempo.
  • Es desadaptativa.
  • No es específica de una fase o edad determinada. Entre los anteriores indicativos son de especial relevancia la persistencia, la magnitud y el carácter desadaptativo para diferenciar una fobia de un miedo de carácter adaptativo.

También se han de tener en cuenta factores como la anticipación de un estímulo o situación concreta y el consiguiente desencadenamiento de un patrón típico de reacciones fisiológicas, cognitivas y motóricas.

A nivel fisiológico encontramos síntomas relacionados con el SNA (Sistema Nervioso Autónomo), tales como el aumento de la tasa cardiaca y respiratoria, sudoración, inhibición de la salivación, contracciones estomacales, nauseas, diarrea, mareos, sensación de desmayo, palidez, manos frías y húmedas, escalofríos, boca seca, etc.

En cuanto al ámbito cognitivo se despliegan toda una seria de creencias sobre la situación temida y sobre la capacidad de afrontarla, así como un conjunto de interpretaciones subjetivas acerca de sus reacciones fisiológicas, produciéndose alteraciones perceptivas o sensoriales, dificultades para pensar y errores o distorsiones cognitivas.

En el nivel motor se pueden experimentar conductas de evitación, escape, temblor de voz, temblores, nudo en la garganta, tartamudeo, evitación del contacto visual o respiración alterada.

miedo o fobiaAlguna de las fobias más comúnmente conocidas son la fobia social, la agorafobia, fobia a algunos animales, acrofobia o miedo a las alturas, la amaxofobia o miedo a conducir y la claustrofobia. En la etapa infantil se dan algunas muy características como son las fobias sociales o específicas según la edad.

Sin embargo hay muchas otras menos conocidas como la hematofobia (sangre y heridas), la necrofobia (muerte y muertos), la nictofobia (noche y oscuridad) o la verminofobia (gérmenes) muy asociada a un tipo de T.O.C. de limpieza.

Para todas ellas, además de seguir un proceso terapéutico de explicación y comprensión de su origen y funcionamiento, y trabajar todos los elementos asociados, existen una serie de técnicas de tratamiento como la terapia de exposición, entrenamiento en habilidades de relajación o la reestructuración cognitiva, con el objetivo último de superar el foco fóbico y controlar las situaciones relacionadas pudiendo mejorar así la calidad de vida de la persona afectada.

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