Límites en los niños. Cómo aplicarlos.

limites en los niños

Tenemos conciencia de muchos valores educativos que sabemos que querríamos inculcar a nuestros pequeños pero aplicarlos suele ser otro tema muy diferente ya que no siempre sabemos cómo hacerlo o cual es la vía para que vayan estableciendo y asumiendo ciertas normas. El día a día a veces tampoco lo facilita dado que vamos corriendo, actividades, obligaciones de los peques o de los adultos y poco a poco vamos dejando pasar momentos en los que se podrán estar afianzando gran cantidad de puntos clave para la asimilación de normas básicas.

Durante todo el proceso educativo, con sus diferentes exigencias a lo largo de las distintas etapas los niños van demandando límites, no sólo quieren que juguemos con ellos, estar tranquilos, haciendo cosas divertidas o aprendiendo sino también reclaman a su manera el establecimiento de unas normas para que su funcionamiento tenga más sentido, unas pautas marcadas en algunos aspectos y objetivos claros con los que saber sí lo están haciendo bien y sí van mejorando en sus tareas.

Sí no somos los adultos los que les ponemos esos límites y no solo eso, sino que se los vamos explicando y haciéndoles entender el por qué de su existencia, los propios niños pondrán los suyos propios, exigiéndose más quizás de lo que corresponde o estableciéndose puntos de control que les den seguridad a su entender, no sabiendo cómo manejar lo que es apropiado o no según su momento evolutivo.

La función por tanto de los límites según vamos creciendo no es otra que la de darnos pautas, normas, valores, puntos de control y análisis para seguir avanzando y saber cómo hacer las cosas bien o mal, creándonos un mundo de seguridad y con una autoestima sana en la que sabemos qué cosas podemos afrontar mejor o peor y cómo resolver problemas, sin exigirnos objetivos que puedan estar fuera de nuestro alcance o crearnos frustración a la larga como suele ocurrir con el tema de las notas o de las normas de comportamiento más sencillas.

Algunos de los aspectos que deberíamos cuidar a la hora de ir estableciendo límites con los más pequeños son los siguientes:

        Aplicar límites proporcionales a su momento evolutivo, no exigiendo que cumplan normas que quizás todavía no pueden asimilar por su edad o por su desarrollo madurativo.

        No exigirles responsabilidades que ellos mismos no tienen por qué saber, explicarles lo que tienen que hacer y el motivo de ese límite que le ponemos para que entiendan cómo hacerlo.

        Ser tajantes con algunos límites normativos sin caer en momentos de cansancio, prisas, estrés, cualquier momento puede ser bueno para afianzar una norma y siempre deberemos estar atentos a repetir ese límite sin ceder no creando así ventanas en las que los niños crean que unas veces rigen unas normas y otros otras.

        Ser muy conscientes del momento de procesamiento lógico en el que está el niño, no podemos hacerles cargo de que tengan que saber ellos cómo hacer algunas cosas, explicarles el límite y motivarles para que lo cumplan, reforzando cuando lo hagan bien para que así ellos vayan estableciendo la pauta de un comportamiento correcto y del que no.

        Siempre que un límite no se cumpla debe haber un punto de reflexión, hacerles ver que no lo han hecho bien, o cómo podrían haberlo hecho bien, pero no desde la reprimenda sino desde la explicación sí podemos, será mucho más potente e irá calando en el menor de una manera más duradera que sí solo le reñimos y no hay conversación ni consecuencias.

        Ser claros con los límites que vayamos enseñando a los niños, a veces les volvemos locos imponiéndoles muchas normas de golpe, ir poco a poco consiguiendo que cumplan algunas y pasar a las siguientes.

        Importancia del modelado, los niños son esponjitas que absorben e imitan lo que ven, hacerles de ejemplo para que ellos hagan todas esas cosas de la misma manera.

        Enseñarles también la opción de error, nosotros también nos podemos equivocar y sí solo nos basamos en el cumplimiento correcto de límites y normas en el futuro serán niños con mucha exigencia y frustración cuando no lo consigan, dejarles espacio para el equívoco, para aprender de cuando nos equivocamos y hacerles también de modelo con situaciones en las que nosotros fallemos para que aprendan a ser ambiciosos en su desempeño de las tareas pero también tolerantes y justos consigo mismos.

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Celos Infantiles. Cómo manejarlos.

celos en niños

Situaciones como el nacimiento de un hermano pequeño, el cambio de la situación habitual o cualquier rutina que se altere puede conllevar la aparición del sentimiento de celos en los niños, especialmente cuando se encuentran entra las edades de 3 y 8 años. La experta nos explica cómo los padres pueden hacer frente a esta situación.

Uno de los momentos más habituales es la aparición de un nuevo hermano o hermana dado que el hasta ahora hijo único nota como se le destrona de su puesto de protagonismo y suele resultar difícil de encajar, especialmente si no se tienen en cuenta ciertas pautas importantes para seguir dándole su espacio personal y de relación individual con los progenitores.

Las principales formas en las que los niños tienden a manifestar un sentimiento de celos tienen que ver con llamadas de atención repentinas, empezar a no aceptar ni cumplir normas que ya estaban asentadas, realizar una regresión a un comportamiento más infantil de lo que hasta ahora se había evolucionado dejando de ser tan autónomo en algunas tareas, buscar más la ayuda para tareas básicas que ya realizaba solo y las rabietas y expresiones de rabia o tristeza de forma más frecuente.

Sea cual sea el motivo que cause los celos deberemos intentar tener especial cuidado con algunas de las siguientes pautas, intentando con ello ayudar a que el niño disminuya su sentimiento de desplazamiento y normalice la aceptación de los inevitables cambios.

> Intentar no hacer distinciones muy notables delante del niño que esté experimentando los celos, por ejemplo en el caso de un nacimiento, igualmente habrá que tenerle en cuenta, hacerle partícipe de la situación, explicarle los cambios que habrá y cómo podrá formar parte activa de ellos, pero no desplazarle del proceso.

> Evitar comparaciones muy continuadas o explícitas sobre la preferencia hacia uno de los otros hermanos o niños, si un pequeño está sintiendo celos eso será uno de los puntos claves para que incremente su sentimiento de inseguridad. Deberemos intentar potenciar también el refuerzo hacia él y las cosas que haga bien sin dejar de corregir aquellas tareas que no afiance, pero siempre valorando su esfuerzo e incrementando un poco más la paciencia.

> Equiparar las atenciones o detalles hacia ambos niños, sea entre amigos, sea entre hermanos, habrá que potenciar especialmente la balanza en ocasiones en las que las atenciones sean para el otro niño, dado que es la ocasión perfecta para que el celoso se sienta apartado o inferior. Aunque sean detalles de menor importancia, algo menos relevante, cualquier gesto hará que sepa que también es importante y que se sigue pensando en él aunque ahora comparta protagonismo.

> Establecer unos tiempos para la atención hacia cada uno de los niños, todos tendrán sus necesidades y pese a cualquier cambio seguirá siendo necesario unos tiempos de atención plena con ambos progenitores para que siga sintiendo que mantiene su espacio intacto aunque sea en menor cantidad. Realizar cosas con ellos que el pequeño no pueda hacer o tener aficiones exclusivas harán sentirse especial al niño que pueda padecer celos y agradecerá mucho estos detalles para afianzar su confianza y no sentir que ya no hay espacio para el.

> Aunque le hagamos partícipe del proceso de cambio no debemos recurrir al mañido “ya eres mayor”, el niño sigue siendo eso, un niño, y como tal no podremos hacerle responsable de que nos tiene que ayudar para que así se sienta mejor ni exigirle que se porte todavía mejor. Será normal que mantenga sus errores y su aprendizaje o incluso lo ralentice un poco por llamar la atención por lo que dejaremos espacio a que siga aprendiendo a su ritmo y teniendo mayor paciencia y la dedicación que podamos repartir el proceso se irá normalizando hasta que los celos dejen de jugarle al pequeño malas pasadas.

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Procesamiento Lógico en los niños. Aprendiendo a resolver problemas.

niño pensando

El procesamiento o pensamiento lógico tiene su origen en el vocablo griego  “logos”, que se traduce como razón.

Para Jean Piaget, psicólogo,  epistemólogo y  biólogo, este tipo de procesamiento es el que niño construye en su mente a través de las  relaciones con los objetos. Es un pensamiento que se relaciona con los razonamientos matemáticos pero igualmente los ponemos en práctica de manera cotidiana llevando a cabo reflexiones  más leves o profundas para solucionar problemas de todo tipo, siendo por ello tan importante afianzarlo bien en el desarrollo de los niños a partir de los 9 o 10 años.

Dado que se aprende mientras el sujeto interactúa con el medio ambiente y no se enseña de manera directa podemos, al igual que se hace en los colegios, propiciar experiencias, actividades, juegos o proyectos en los que los niños puedan observar, explorar, comparar y clasificar objetos, enseñarles a pensar por ellos mismos, no haciendo por ellos tareas que estén a su alcance, darles opciones cuando haya un conflicto o haciéndoles tomar pequeñas decisiones en el día a día que vayan fortaleciendo el automatismo con el que poner el práctica la resolución y superación de pequeños impedimentos.

Mostrarles cómo pensamos o tomamos decisiones los adultos, ponerles ejemplos de decisiones difíciles que hayamos tenido que resolver o de cómo las llegamos a concluir  también puede ayudarles a tener ejemplos para prevenir un fenómeno de frustración, dado que si no les damos igualmente esa información pensarán  que solo a ellos les resulta difícil llegar a resolver problemas presente en su rutina.

El pensamiento lógico se convierte por tanto en una herramienta indispensable para el ser humano en su día a día, consiguiendo gracias a él resolver problemas mediante la observación, el análisis de las opciones, comparación de los pros y los contras de uñas y otras llegando así a una conclusión con la que poder solventar conflictos que aparezcan en la rutina.

Por último señalar que aquellas estrategias de las que nos dota el pensamiento de tipo lógico no sólo nos ayudarán desde niños en la resolución de cualquier problema sino que también crearán una autoestima más fortalecida con recursos mediante los que confiar en nuestros criterios, elemento muy importante a iniciar en  la infancia para prevenir una personalidad insegura y dependiente de los otros en la etapa adulta.

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Ansiedad Infantil. Cómo afrontarla.

ansiedad infantil

Hoy en día a veces se solapan los conceptos de Miedo y Ansiedad, no haciendo referencia exactamente al mismo fenómeno. Entendemos por Miedo una reacción normal, básica y constante de la naturaleza humana, que posee un valor funcional y adaptativo para el individuo. Sin embargo, establecemos la diferencia con la Ansiedad cuando se habla de una reacción que acontece ante situaciones menos específicas que el miedo, siendo más difusa y anticipatoria, apareciendo sin la necesidad de que se de una amenaza externa evidente.

Normalmente la Ansiedad es experimentada por los adultos  ante situaciones de peligro, acontecimientos estresantes o de incertidumbre, viéndose afectados por un estado de agitación e inquietud que funciona como mecanismo adaptativo para ayudarnos a superar las sensaciones propias de estos momentos.

Este mismo fenómeno también se da en el caso de los niños y adolescentes dado que, a edades más tempranas que la etapa adulta, igualmente se sufren las consecuencias de un ritmo de vida estresante o ante situaciones que no saben cómo gestionar desarrollando  un sentimiento de inseguridad debido a las responsabilidades, exigencias u horarios muy intensos  con demasiadas actividades en el día a día.

Por ello, los datos que se manejan en los últimos estudios señalan que ente un 6% y un 20 % de los niños y adolescentes de 9 a 17 años también padecen ansiedad, siendo la patología más diagnosticada después de los trastornos del comportamiento. Al igual que sucede en los adultos, la ansiedad es mucho más frecuente en niñas que en niños.

A través de un estudio español realizado por la Fundación Jiménez Díaz publicado en la revista “European Child and Adolescent”, los autores Jun José Carballo Belloso y Enrique anda Garcia analizaron casos de ansiedad entre los años 1992 y 2006, con una muestra de 23.163 menores que acudían a las consultas de atención primaria. Encontraron  datos que arrojaban que del 9% al 15% de los menores estudiados entre 7 y 11 años reunían criterios de trastorno de ansiedad (generalizada, de separación, por estrés postraumático, fobias, pánico o trastorno obsesivo compulsivo).

Con el objetivo de evaluar si la ansiedad que se diagnostica en un primer momento en las consultas de salud mental de la Comunidad de Madrid permanece en el tiempo, y basándose en los 1.869 casos positivos que se encontraron, los resultados dieron lugar a la conclusión de que existía una gran estabilidad diagnostica para los trastornos de fobia, ansiedad social y estrés postraumático, que se siguieron entre los 15 y los 19 años, pero por el contrario dicha estabilidad era mínima para la ansiedad generalizada y el trastorno de pánico, siendo estos últimos, según señalan los autores, más difíciles de diagnosticar.

Es importante señalar que todos los niños sienten ansiedad y temor en algún momento de su crecimiento, ante la separación de los padres cuando son muy pequeños, por un examen, ante nuevas situaciones sociales o aprendiendo a dormir a oscuras, pero lo importante será discriminar sí es algo ocasional o por el contrario interfiere en la vida cotidiana del menor, momento en el que sería necesario consultar con un especialista para que se trabaje el problema con las estrategias adecuadas evitando así que se desarrolle una baja autoestima, deterioro en las relaciones personales, bajada en el rendimiento escolar, falta de atención o la posibilidad de aprender a vivir con ansiedad como mecanismo de defensa lo que aumentaría el riesgo de convertirlo en un problema en la etapa adulta.

Síntomas como el nerviosismo, la aparición de tics, presencia de una mayor intolerancia hacia cambio de planes, rebeldía, resistencia a cumplir algunas de las normas ya  asimiladas, tristeza o regresión en las atenciones demandadas hacia los padres son algunos de los indicativos a tener en cuenta en la observación de la ansiedad en los niños y adolescentes.

Algunas de las recomendaciones básicas para los padres o profesores en el manejo de la ansiedad en niños y adolescentes estarían relacionadas con ayudarles a sentirse seguros en su día a día, consiguiendo rutinas con horarios fijos de comidas y actividades, escuchar sus preocupaciones siempre y cuando ellos estén preparados para hablar del tema y contestar de una manera sincera y clara, enseñarles valores e ideas no teniendo siempre explicación para acontecimientos como muertes o sucesos injustos como un robo enseñándoles a manejar la tolerancia a la frustración, ayudarles a manejar sentimientos de nerviosismo y desasosiego, animarles a que expresen sus inquietudes hablando sobre sus miedos o trabajándolos a través de juegos o dibujos canalizar así la energía que les causa la ansiedad, vigilar las imágenes e información a la que tienen acceso en televisión y a través de Internet e intentar dotarles de estrategias de relajación, afrontamiento y solución de problemas para conseguir hacerles vivir con una mayor sensación de control, confianza y tranquilidad.

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Niños Transgénero. El camino hacia su identidad.

niños transgénero

Entendemos el término transgénero haciendo referencia a aquellas personas que no se sienten cómodas con la identidad de género asignada por nacimiento, según indica la A.P.A. (Asociación Americana de Psiquiatría).

La identidad de género se podría enmarcar como un concepto binario, es decir, género masculino o femenino, asignado según el sexo biológico de la persona al nacer pero, en el caso de los niños y niñas transgénero, nos encontramos ante los casos de personas que al nacer se les ha asignado un género en función de sus genitales (niño o niña) que no es acorde a aquel  con el que se sienten identificados pudiendo estar ante niños que se sienten niñas, viceversa y una tercera opción en la que la identidad no tenga por qué estar ceñida a un género concreto.

Hoy en día no hay muchos estudios científicos al respecto, aunque alguno de ellos como uno realizado en Carolina del Norte en el 2013 arroja datos relativos a que 1 de cada 15.000 niños/as presentan un caso de transgénero.

El papel de los padres

El aspecto más importante ante la sospecha por parte de los padres de un niño con identidad trans es el apoyo incondicional desde el primer momento y en todo el proceso de transición, dejándole verbalizar como se siente y potenciando una comunicación emocional abierta en la que el menor pueda encontrarse seguro y cómodo.

Hoy en día podemos encontrar información y las herramientas necesarias fundamentalmente en dos asociaciones a nivel estatal:

  • Fundación Daniela: www.fundaciondaniela.org, fundación sin ánimo de lucro centrada en la sensibilización y que cuenta con un amplio cuadro de profesionales especializados.
  • Asociaciones de LGTB, Federación Estatal de Lesbianas, gays, Transexuales y Bisexuales: www.felgtb.org, 913604605.

No en todas las Comunidades Autónomas existen unidades especializadas en estos procesos pero, por ejemplo en la Comunidad de Madrid si existe un Programa de Atención e Información en los Servicios Sociales totalmente público asesorando hace 12 años (917010788).

Indicios de un problema de género

Algunos de los indicios mediante los cuales podemos observar que un niño nos hace llegar sus manifestaciones sobre su identidad de género son entre otros:

  • Disconformidad con su cuerpo.
  • No querer vestir con ropa asociada a su propio sexo.
  • Juegos no convencionales o juguetes generalmente asignados al otro sexo.
  • Lecturas no convencionales.
  • Autoaislamiento.
  • Preferencia por los amigos del sexo opuesto.

Ante todo tenemos que tener en cuenta que estos indicios son la señal de alarma de los niños por lo que desde el primer momento se debería cuidar el no castigar ni culpabilizar al menor.

Primero pasos

Sí nuestro/a hijo/a empieza a manifestar que no se siente identificado con su identidad de género el primer paso será hablarlo con él con tranquilidad, creando un clima de comunicación abierta y dejando que exprese sus sentimientos al respecto ayudándole a vencer la barrera de la incomprensión que el propio menor estará sufriendo.

Es necesario acudir a un profesional para afrontar la situación, recibiendo ayuda y orientación para el proceso tanto en el caso de los padres como del niño.

Lo fundamental será en todo momento el adecuado desarrollo afectivo y de la autoestima del menor, educándole desde una perspectiva centrada en la diversidad y en la tolerancia, tratándole por tanto como a cualquier otro niño, siendo primordial el apoyo desde su entorno familiar.

Inicio de las primeras señales

Aproximadamente entre los 4 o los 5 años los niños empiezan a ser conscientes de que pertenecen a un sexo u otro, adaptando sus conductas a lo que socialmente está asociado con el género con el que se los identifica.

Es en esa etapa cuando tanto niños como familias empezarán a notar que sus hijos /as no se encuentran a gusto con sus ropas o con los roles que se les intenta inculcar, siendo en la adolescencia cuando se iniciará el rechazo más notable hacia las características sexuales que comienzan a desarrollarse en su cuerpo.

También se podrá dar el caso de muchos jóvenes que se sientan conformes con su cuerpo, aunque adopten comportamientos y actitudes no asociadas a su sexo biológico.

Ayudarles a hablar del tema

Lo primero que necesitan los niños y niñas transgénero es el amor, la comprensión y el apoyo de sus familias ya que, sí éstas les aceptan y ayudan, la integración en la sociedad será mucho más sencilla.

Los padres deberán estar abiertos a la comunicación, escuchándoles, no sólo oyéndoles, y favorecer por tanto que puedan explicar como se sienten a través de preguntas para poder entenderlos y evitando hacer cualquier tipo de juicio.

Para ello es primordial, como en cualquier otro proceso educativo saludable y asertivo, que los niños y adolescentes crezcan en un entorno que favorezca la expresión de sentimientos, la petición de ayuda y el reconocimiento de su valía, no sintiendo que haya temas tabúes y mostrando una capacidad de comunicación libre, positiva y constructiva.

La posibilidad de cambio de sexo en niños

El cambio de sexo como tal, entendido como intervención quirúrgica no está permitido hasta que se alcanza los 18 años.

Lo que sí se suele ante los casos de niños que hayan confirmado su condición de trans es iniciar la terapia hormonal antes de la pubertad, entre los 11 y los 14 años, tratamiento mediante el cual los bloqueadores hormonales impiden el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios como el cambio de la voz, la aparición de vello y la menstruación. A través de este proceso se evitará que el menor tenga que sufrir la etapa de cambios en su cuerpo no acordes con el género con el que se identifica.

Ser felices en su día a día

El primer paso para cualquier menor que se siente preparado para iniciar su proceso de transición y que tiene el apoyo familiar necesario será contar con un respaldo profesional especializado y las herramientas adecuadas para afrontar las consecuencias de los cambios que se irán dando tanto a nivel físico como psicosocialmente.

Será de suma importancia el continuo apoyo y la información a través de pautas claras y adaptadas a su situación a la hora de llevar a cabo pequeños cambios en el colegio y en su entorno social, ámbito donde el niño encontrará una de las mayores fuentes de estrés por la aceptación o el rechazo de sus iguales.

Contar con su familia de forma incondicional en los momentos de duda, ante sus preguntas o para facilitarle estos paso harán que sienta su día a día más acorde al género con el que se identifica, creando así la clave para el fortalecimiento de su autoestima y un desarrollo de manera feliz, afrontando el crecimiento y los problemas que se vayan interponiendo de una forma natural y resolutiva y haciéndoles evolucionar sintiéndose seguros de quien quieren ser.

Informar a colegio y profesores

Es importante contar con el apoyo escolar ya que es el lugar en el que el menor encontrará muchas dificultades y donde necesitará conseguir una autonomía y seguridad mayor.

Poner en conocimiento del centro y de sus profesores el proceso en el que se encuentra el niño ayudarán a normalizar algunos de los cambios más importantes en su día a día, como el cambio en la vestimenta, utilizar los baños adecuados a su identificación de género y el cambio de su nombre, harán que poco a poco crezca la confianza y la capacidad para afianzar el proceso de transición de un/a niño/a, transgénero.

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Cuentos para ayudar a tus hijos. Roberta Veritá

cuentos para ayudar a tus hijos

La autora, Roberta Veritá, psicóloga y psicoterapéuta de la Sociedad Italiana de Terapia Cognitivo Conductual, ofrece en esta obra una serie de cuentos con los que abordar con los pequeños temáticas de difícil comprensión y asimilación como los miedos, la ansiedad, fobias, el duelo y el control de la ira entre otros, aportando historias de fácil comprensión para los niños y con moralejas de gran contenido educativo, resultando una herramienta de gran utilidad y de carácter lúdico.

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