Pedir ayuda a los demás.Un reto para la autonomía.

perfeccionismo exigencias

En cuantas ocasiones nos hemos cargado con tantas tareas que no podemos con ellas pero nos hacemos responsables de sacarlas adelante nosotros solos, nos hemos visto atravesando una mala racha pero no contamos con los demás sino que nos aislamos y preferimos “no molestar”, estamos deseando que alguien nos ofrezca ayuda pero somos incapaces de dar ese grito de socorro a las personas que nos rodean y estarían encantadas de echarnos un cable por vernos más tranquilos.

Desde nuestra infancia nos educan intentando que seamos autónomos en muchas tareas, en cosas cotidianas, en problemas puntuales o en situaciones que no tendríamos por qué saber cómo resolverlas, pero esa autonomía es un arma de doble filo y que parece que solo se enseña en una sola dirección.

 La independencia no está reñida con saber contar con los demás, es más, nos gratifica enormemente resultarle de ayuda a las personas a las que apreciamos y que tenemos cerca, nos hace sentir útiles, bien, a gusto con nosotros mismos aunque dejemos de hacer algo que teníamos planeado, empatizamos y priorizamos resolviendo que lo primero es ayudar pero igualmente importante es saber pedir esa misma ayuda cuando somos nosotros mismos los que estamos en cualquier momento difícil.

Un concepto muy relacionado con esta dificultad para pedir ayuda y contar con los demás es la inseguridad y la falta de confianza. Subestimamos nuestros problemas y nos planteamos que sería una tontería pedir que otra persona intervenga de cualquier manera, pero no nos damos cuenta que así lo que estamos haciendo es poner por delante la importancia de las cosas de los demás e infravalorando a nuestros, es decir, no estamos siendo asertivos con nosotros mismos como sí intentamos serlo con los otros.

Otra consecuencia es la interpretación que estamos haciendo sobre lo que opinarían esas personas a las que recurrimos, pensamos que van a “burlarse” de nuestros problemas o que les vamos a “molestar” con nuestras cosas, quizás deberíamos dejarles a ellos que nos dieran esa opinión si así fuese, o a lo mejor les hacemos sentirse bien pudiendo ayudarnos o sintiéndose los elegidos para minimizar nuestro pesar o agobio con algo, necesarios en nuestras vidas en definitiva.

Algunos de los aspectos que podemos reflexionar si nos vemos en la duda de si pedir ayuda o no podrían encontrarse entre los siguientes:

–        Primero de todo, no activar el sesgo denominado “lectura de la mente de los demás”, quizás creemos tener  la seguridad de que provocaremos molestia o inconvenientes por acudir a alguien cercano buscando ayuda pero no estamos dentro de la cabeza de esa persona. Esa interpretación nace de nuestra inseguridad por lo que lo más normal es que si la contrastamos nos demos cuenta de que estamos equivocados.

–        No minimizar la importancia de nuestros problemas, si son importantes para nosotros por algo también lo serán para aquellos que nos rodean y aprecian, valorarán como igualmente importante lo que nos preocupe y aunque no sepan cómo ayudarnos estarán a nuestro lado intentando hacer el proceso algo más llevadero.

–        Ayudar a los demás es un acto de generosidad, de amistad, de apoyo y de altruismo, varios de los conceptos que nos hacen sentirnos bien con nosotros mismos, por qué no dejar que otra persona sienta lo mismo dándole la oportunidad de estar ahí cuando somos nosotros los que estamos en un apuro.

–        Si nuestra expectativa es que las otras personas se den cuenta de que estoy en apuros y nos intenten ofrecer ayuda de manera voluntaria, pero jamás dejó que se me ayude, quizás ese es el motivo por el que los demás pensaran que nos podrían ofender si nos ofrecen su apoyo, sería mucho más natural ayudar y ser ayudado sin llevar la cuenta de favores pendientes.

–        Somos animales viviendo en sociedad y aunque tengamos que ser autónomos e independientes no deja de ser sano saber convivir con los demás y aceptar que continuamente los necesitamos como ellos nos necesitan a nosotros.

Finalmente, nuestra autoestima es la continua lucha entre reconocimiento de habilidades y corrección  satisfactoria de errores aceptados, no dejemos que nuestro orgullo bloquee el aprender de los demás y el dejarnos ayudar pensando que con eso estamos siendo menos responsables.

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Límites en los niños. Cómo aplicarlos.

limites en los niños

Tenemos conciencia de muchos valores educativos que sabemos que querríamos inculcar a nuestros pequeños pero aplicarlos suele ser otro tema muy diferente ya que no siempre sabemos cómo hacerlo o cual es la vía para que vayan estableciendo y asumiendo ciertas normas. El día a día a veces tampoco lo facilita dado que vamos corriendo, actividades, obligaciones de los peques o de los adultos y poco a poco vamos dejando pasar momentos en los que se podrán estar afianzando gran cantidad de puntos clave para la asimilación de normas básicas.

Durante todo el proceso educativo, con sus diferentes exigencias a lo largo de las distintas etapas los niños van demandando límites, no sólo quieren que juguemos con ellos, estar tranquilos, haciendo cosas divertidas o aprendiendo sino también reclaman a su manera el establecimiento de unas normas para que su funcionamiento tenga más sentido, unas pautas marcadas en algunos aspectos y objetivos claros con los que saber sí lo están haciendo bien y sí van mejorando en sus tareas.

Sí no somos los adultos los que les ponemos esos límites y no solo eso, sino que se los vamos explicando y haciéndoles entender el por qué de su existencia, los propios niños pondrán los suyos propios, exigiéndose más quizás de lo que corresponde o estableciéndose puntos de control que les den seguridad a su entender, no sabiendo cómo manejar lo que es apropiado o no según su momento evolutivo.

La función por tanto de los límites según vamos creciendo no es otra que la de darnos pautas, normas, valores, puntos de control y análisis para seguir avanzando y saber cómo hacer las cosas bien o mal, creándonos un mundo de seguridad y con una autoestima sana en la que sabemos qué cosas podemos afrontar mejor o peor y cómo resolver problemas, sin exigirnos objetivos que puedan estar fuera de nuestro alcance o crearnos frustración a la larga como suele ocurrir con el tema de las notas o de las normas de comportamiento más sencillas.

Algunos de los aspectos que deberíamos cuidar a la hora de ir estableciendo límites con los más pequeños son los siguientes:

        Aplicar límites proporcionales a su momento evolutivo, no exigiendo que cumplan normas que quizás todavía no pueden asimilar por su edad o por su desarrollo madurativo.

        No exigirles responsabilidades que ellos mismos no tienen por qué saber, explicarles lo que tienen que hacer y el motivo de ese límite que le ponemos para que entiendan cómo hacerlo.

        Ser tajantes con algunos límites normativos sin caer en momentos de cansancio, prisas, estrés, cualquier momento puede ser bueno para afianzar una norma y siempre deberemos estar atentos a repetir ese límite sin ceder no creando así ventanas en las que los niños crean que unas veces rigen unas normas y otros otras.

        Ser muy conscientes del momento de procesamiento lógico en el que está el niño, no podemos hacerles cargo de que tengan que saber ellos cómo hacer algunas cosas, explicarles el límite y motivarles para que lo cumplan, reforzando cuando lo hagan bien para que así ellos vayan estableciendo la pauta de un comportamiento correcto y del que no.

        Siempre que un límite no se cumpla debe haber un punto de reflexión, hacerles ver que no lo han hecho bien, o cómo podrían haberlo hecho bien, pero no desde la reprimenda sino desde la explicación sí podemos, será mucho más potente e irá calando en el menor de una manera más duradera que sí solo le reñimos y no hay conversación ni consecuencias.

        Ser claros con los límites que vayamos enseñando a los niños, a veces les volvemos locos imponiéndoles muchas normas de golpe, ir poco a poco consiguiendo que cumplan algunas y pasar a las siguientes.

        Importancia del modelado, los niños son esponjitas que absorben e imitan lo que ven, hacerles de ejemplo para que ellos hagan todas esas cosas de la misma manera.

        Enseñarles también la opción de error, nosotros también nos podemos equivocar y sí solo nos basamos en el cumplimiento correcto de límites y normas en el futuro serán niños con mucha exigencia y frustración cuando no lo consigan, dejarles espacio para el equívoco, para aprender de cuando nos equivocamos y hacerles también de modelo con situaciones en las que nosotros fallemos para que aprendan a ser ambiciosos en su desempeño de las tareas pero también tolerantes y justos consigo mismos.

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Procesamiento Lógico en los niños. Aprendiendo a resolver problemas.

niño pensando

El procesamiento o pensamiento lógico tiene su origen en el vocablo griego  “logos”, que se traduce como razón.

Para Jean Piaget, psicólogo,  epistemólogo y  biólogo, este tipo de procesamiento es el que niño construye en su mente a través de las  relaciones con los objetos. Es un pensamiento que se relaciona con los razonamientos matemáticos pero igualmente los ponemos en práctica de manera cotidiana llevando a cabo reflexiones  más leves o profundas para solucionar problemas de todo tipo, siendo por ello tan importante afianzarlo bien en el desarrollo de los niños a partir de los 9 o 10 años.

Dado que se aprende mientras el sujeto interactúa con el medio ambiente y no se enseña de manera directa podemos, al igual que se hace en los colegios, propiciar experiencias, actividades, juegos o proyectos en los que los niños puedan observar, explorar, comparar y clasificar objetos, enseñarles a pensar por ellos mismos, no haciendo por ellos tareas que estén a su alcance, darles opciones cuando haya un conflicto o haciéndoles tomar pequeñas decisiones en el día a día que vayan fortaleciendo el automatismo con el que poner el práctica la resolución y superación de pequeños impedimentos.

Mostrarles cómo pensamos o tomamos decisiones los adultos, ponerles ejemplos de decisiones difíciles que hayamos tenido que resolver o de cómo las llegamos a concluir  también puede ayudarles a tener ejemplos para prevenir un fenómeno de frustración, dado que si no les damos igualmente esa información pensarán  que solo a ellos les resulta difícil llegar a resolver problemas presente en su rutina.

El pensamiento lógico se convierte por tanto en una herramienta indispensable para el ser humano en su día a día, consiguiendo gracias a él resolver problemas mediante la observación, el análisis de las opciones, comparación de los pros y los contras de uñas y otras llegando así a una conclusión con la que poder solventar conflictos que aparezcan en la rutina.

Por último señalar que aquellas estrategias de las que nos dota el pensamiento de tipo lógico no sólo nos ayudarán desde niños en la resolución de cualquier problema sino que también crearán una autoestima más fortalecida con recursos mediante los que confiar en nuestros criterios, elemento muy importante a iniciar en  la infancia para prevenir una personalidad insegura y dependiente de los otros en la etapa adulta.

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Aceptar las Críticas

aceptar criticas

En más de una ocasión cualquier persona se puede sorprender creyéndose poseedor único de una realidad, de una forma de realizar las cosas, de una vía de solución para un problema o de un camino para llegar a un sitio concreto… No siempre tenemos razón pero nos puede costar ver en ese momento que otro enfoque es posible y que quizás haya otra manera de hacer las cosas, señal de alarma para trabajar nuestra forma de aceptar las críticas.

Desde que somos pequeños intentamos reafirmarnos en nuestra autonomía, pero en ese camino del continuo entre el orgullo y la seguridad a veces debemos hacerle espacio al equilibrio, a no dejarnos llevar por el sentimiento de “autosuficiencia” o de controlar todo y hacer hueco a otras ideas, esas críticas que vienen de los demás, como puntos de vista opuestos y complementarios que simplemente cumplen la función de activar nuestro aprendizaje.

¿Cómo podemos conseguir aceptar bien las críticas?

  • Por supuesto no siempre estaremos igual de predispuestos o abiertos q cambiar de planes pero si deberíamos entrenar la capacidad de al menos recibir esas opiniones como otras opciones igualmente válidas en lugar de reaccionar de una forma defensiva.
  • Normalmente cuando una crítica nos ofende, siempre y cuando esté bien plantada desde un punto de vista respetuoso, suele ser síntoma de haber dado en el clavo, nos negamos realidades que nosotros mismos percibimos de una forma muy rápida y quizás esa crítica nos haga plantearnos que nosotros mismos ya sabíamos que podíamos hacerlo mejor.
  • Evitar la negación, no toda crítica tiene que ser una realidad pero si muchas de ellas nos harán aprender y mejorar alguna faceta o trabajo puedo hacer de una forma más óptima.
  • En realidad la incomodidad que provoca en nosotros esa crítica tiene un ver con una llamada de atención, un momento de pararnos a pensar con estamos haciendo las cosas y poner en práctica lo reflexionado. Si aún así me decanto por la opción original al menos se habrá realizado un trabajo de análisis siempre validó en todo lo que hacemos cotidianamente.
  • No debemos focalizar la atención en el fenómeno de la oposición que representa una crítica, por el contrario sería más productivo pensar que activan nuestra propia acotación y el camino para estar algo más en paz con nosotros mismos, quizás esas críticas son más constructivas que destructivas.
  • El verdadero enemigo de la correcta aceptación de una crítica es el orgullo, nuestra parte insegura hace que nos defendamos pero es más enriquecedor plantearla como un punto de aprendizaje y mejora.

Por supuesto, habrá que tener en cuenta cuando una crítica es abusiva, repetitiva o mal plantada, si sentimos que no podemos expresarnos deberemos hacer uso de nuestra asertividad para defender con respeto que nuestra opinión es nuestra, no busca convencer a nadie y es igual de válida que cualquier otra, afianzando nuestra autoestima y dándole valor a lo que nos conviene y a lo que no.

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Asertividad. Defendiendo mi opinión

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El término ASERTIVIDAD, tan utilizado hoy en día en gran parte de los procesos terapéuticos, no aparece en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), donde sí se tiene en cuenta el adjetivo ASERTIVO como sinónimo de Afirmativo.

Empleamos el concepto de ASERTIVIDAD para hacer referencia a un tipo de comunicación, una estrategia ubicada en el punto medio del continuo entre la dicotomía de la actitud agresiva y la pasiva en las interacciones sociales.

La persona asertiva logra establecer una comunicación guiada por un vínculo de no agresión hacia su interlocutor, pero tampoco queda sometido a su voluntad, expresando por tanto libremente sus pensamientos y defendiendo de una forma positiva sus intereses.

asertividad

Entre los factores más comúnmente relacionados con un déficit de asertividad se encuentran una baja autoestima, la pasividad, el miedo, la indecisión, la falta de respeto por uno mismo, la incapacidad de resolución de problemas y la imposibilidad para defender los propios derechos, todas ellas variables que se retroalimentan de esa dificultad para comunicarse de una manera coherente con sus opiniones.

Dentro de las personas que no desarrollan una comunicación de tipo asertivo encontramos, de un lado, aquellas que son pasivas, es decir, las que ceden ante los intereses de los demás, no expresan sus ideas ni defienden sus derechos y continuamente ven en los otros una superioridad, relegándose ellos mismo a un permanente posicionamiento como inferior y al consiguiente sentimiento de frustración e impotencia. Por otro lado, tendríamos el perfil de aquellos que se muestran agresivos en sus relaciones interpersonales, manifestando por imposición sus opiniones y tratando de relegar a su entorno bajo sus ideas, no teniendo habilidades para tratarlas como iguales manifestando de una manera totalmente inadaptada su inseguridad.

Entre medias encontraríamos el patrón del pasivo-agresivo, aquel que hacia fuera orienta su visión más pasiva pero internamente se culpa y castiga, sintiéndose inferior y potenciando continuamente el sentimiento de frustración y de no manejo de las relaciones con respeto y equitativas en poder.

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Por el contrario, la persona que se comporta de una forma asertiva es capaz de tomar decisiones razonadas, no basándose en el miedo a qué pensarán los demás, busca soluciones, asume la responsabilidad de sus acciones, se siente capaz de enfrentarse a los problemas, se comunica abiertamente y defiende sus derechos, opiniones y sentimientos con empatía, sin negar los derechos de los otros.

El aprendizaje de este tipo de estrategia de afrontamiento hace que la persona refuerce su imagen positiva, ayudándole a desarrollar de una manera óptima su autoestima, mejorar sus habilidades  expresivas, obtener una satisfacción emocional y lograr por tanto alcanzar autónomamente las metas propuestas consiguiendo a nivel comunicativo y, desde la infancia a la etapa adulta, ser respetado y una valoración correcta de sí mismo.

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Tus zonas erróneas. Wayne W. Dyer

tus zonas erroneas

El autor de la obra, Wayne W. Dyer, profesor, escritor, orador y psicólogo estadounidense, plantea una explicación sencilla y comprensible para muchos de aquellos fenómenos que dan como resultado la infelicidad de muchas personas, entre los que se encuentran una baja autoestima, la expectativa de la aprobación de los demás, la lucha por el perfeccionismo o la sensación de no quererse a uno mismo entre otros.

A través de los capítulos monográficos el autor va explicando alternativas a dichos comportamientos negativos, ofreciendo estrategias prácticas para llevar a cabo en el día a día potenciando  el refuerzo de la autoestima y la autonomía personal.

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Autoestima, habilidades sociales y asertividad. Raúl Gutiérrez Izquierdo

comuncacion asertiva

 

El autor de la obra, Raúl Gutiérrez Izquierdo, psicólogo experto en la terapia cognitivo conductual y en coaching, describe en este libro estrategias prácticas para la mejora de la autoestima y de las habilidades sociales

Aportando una clara y cuidadosa explicación de cómo suceden dichos procesos, ofrece técnicas concretas y de fácil aplicación con las que ir potenciando la asertividad como método de afrontamiento ante los acontecimientos cotidianos.

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