Deporte Profesional y Salud Mental

deporte profesional y salud mental

Hasta hace relativamente poco parecían inexistentes los casos en los que se asociaba públicamente el deporte profesional al ámbito de las enfermedades mentales, aun sabiendo que, por muchos factores, en más de una ocasión ambos mundos podían ir de la mano. Sin embargo en los últimos tiempos han ido apareciendo noticias que hacen ver como se está normalizando la aparición de publicaciones en las que algunos deportistas, hartos de vivir con esa problemática oculta y de esconder las consecuencias en su día a día profesional y personal, hablan abiertamente de esa otra vida paralela que han padecido.

Hoy en día en muchos entornos cada vez es más común la utilización de términos como depresión, ansiedad, estrés, hablamos de ello, lo comentamos, todo el mundo ha pasado por rachas, pero cuando no es una sintomatología pasajera sino una problemática que se agrava y llega a limitar el bienestar cotidiano, el cuadro se complica y las repercusiones en la vida y los quehaceres personales, sociales o profesionales se hacen imposibles.

Si además estamos hablando de un ambiente en el que la norma es una dedicación permanente, una vida para el trabajo durante muchos meses a lo largo del año, preparaciones intensivas, una alimentación controlada, relaciones sociales y hobbies mediados por un tiempo libre escaso y además con una exposición continuada a la esfera pública y por lo tanto éxitos o derrotas medidos bajo altos niveles de presión, la sintomatología, si no se trabaja muy tempranamente, puede dar lugar a una problemática muy complicada.

Es así como encontrábamos hace poco  una entrevista sorprendentemente reveladora del ex jugador de múltiples equipos de la Liga ACB, Santi Abad, quien comentaba, ahora ya sin tantos miedos, como desde los 18 años se había visto afectado por una depresión que durante temporadas no le dejaba disfrutar de nada, “abandono, sin ganas de comer ni de vivir y pasándolo todo en soledad sin recurrir a nadie”, relataba, dado que por aquel entonces, hace 30 años, poco se cuidaba de estas afecciones a nivel deportivo, motivo por el que tampoco nadie hablaba de ello ni se ocupaba de una labor preventiva en entornos de una presión continuada y unas elevadas exigencias como era el deporte profesional.

Muchos son los ejemplos de deportistas que han ido relatando sus experiencias, escapando de lo que hasta hace muy poco parecía un en enorme tabú, Andrés Iniesta, Rafa Nadal, Tiger Woods, Jesús Navas, Buffon, Victor Valdés, Kevin Love, DeMar DeRozan, Anna Boada y Sabina Asenjo recientemente entre otros. Todos ellos han ido liberando sus vivencias de enfermedades como la ansiedad, la depresión o ataques de pánico que les han limitado sus profesiones, su día a día y la calidad de vida en todos los ámbitos.

Precisamente el ámbito del deporte de alto rendimiento es, como otras profesiones, un foco con múltiples factores de riesgo para padecer alguna de las dolencias referidas, ambientes enfocados a entrenamientos muy continuados e intensivos, preparaciones globales que afectan a todo su funcionamiento cotidiano, presión, expectativas de entrenadores, clubes, patrocinadores y público, vida personal expuesta en los medios sin un anonimato protector, poco descanso y la obligación de mantener niveles elevados de motivación sin descanso junto con la exigencia de un rendimiento siempre óptimo.

 Es por ello que los factores de protección, necesarios para todo individuo sea cual sea su dedicación profesional, se ven afectados, un clima persona tranquilo y libre de presiones, libertad individual, tiempos de descanso y desconexión de sus obligaciones, hobbies y niveles de bienestar que compensen el estrés laboral o las exigencias externas.

Todo lo expuesto previamente no significa que toda persona que trabaje bajo esos condiciones de presión y estrés tengan asegurado caer en algún momento de sus carreras en una situación similar, pero en algunas ocasiones la espiral de expectativas se eleva de tal manera que, si le sumamos la aparición de ciertos pensamientos negativos, sentimientos de inseguridad, poco apoyo de su entorno, derrotas no superadas y bien aceptadas o una buena canalización de las responsabilidades, pueden hacer un de detonante suficiente para que un individuo inicie un bucle hacia el bloqueo y la depresión o la ansiedad debido a su sentimiento de frustración continuado.

Ya en muchos entornos se dan estos cuidados, de forma temprana evaluando estrategias y recursos de cada profesional, los efectos de la presión mediática y  forma de vida y los cambios en sus carreras profesionales, preparando y acompañando a los deportistas en su evolución, procurando con ello un desarrollo progresivo y bien elaborado, pero todavía queda mucho trabajo por hacer, siendo además necesarios estos servicios debido a las voces de alarma de deportistas y entrenadores.

Es por ello importantísimo que se cuide de una manera mucho más notable la sensibilización en el cuidado de estos profesionales, incluyendo entre sus preparaciones y entrenamientos la Psicología Deportiva y con ello la evaluación de sus recursos, su capacidad de afrontamiento, la gestión emocional y el estado de las exigencias internas y externas, logros y derrotas como elementos preventivos para poder ofrecer un cuidado continuado y asegurarnos de que pueden seguir afrontando sus obligaciones de una manera sana, poniendo en marcha estrategias adecuadas y tempranas en caso de detectar algún factor de riesgo o rasgo de frustración elevado que ponga en peligro su bienestar, y concienciando a todo el elenco de profesionales que les rodea de una manera más natural y cotidiana.

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